Pues claro que estoy cansada. Pero todo ese esfuerzo merece
la pena. ¿Qué hay de satisfactorio y enriquecedor en la vida que no requiera
esfuerzo?
Después de estos duros 20 ó 30 días de adaptación mutua, es
maravilloso ver sus caritas entregadas a ti, el beso de buenos días, uno a uno,
al dejar sus mochilas en el perchero, la sonrisa matinal que te ofrecen, estés
tú como estés. Verlos sentados en la
manta cantando canciones y batiendo palmas con sus torpes manos. Piden un beso
por que sí, salen del baño y vienen hacia ti con los pantalones bajados
pidiéndote ayuda… saltitos cortos y juguetones cuando te ven por la calle… ¿Qué
más se le puede pedir al trabajo? ¿Y a la vida?
¿Qué sería de nosotros si no existieran los sueños, si no existieran las ilusiones, si no existiera la fantasía?
El día a día monótono y gris inundaría nuestro mundo como una nube triste y melancólica. El sol no saldría y la niebla nos impediría ver el color, el brillo y también ese horizonte lejano, ese futuro que creamos en nuestra mente ilusión tras ilusión.
Ha pasado el carnaval y se ha llevado la magia de los sueños, esa bola de cristal en la que reflejamos nuestros deseos, en la que nos inventamos, representando el papel que nos entusiasma y que en el fondo nos pertenece. En realidad durante el carnaval, nuestros deseos se realizan por unos momentos: trajes de colores, hadas, brujas, payasos, fantasías… Y son los niños los que, con sus caritas ilusionadas y sus palabras entrecortadas por la emoción, nos transmiten que todo es posible si nosotros nos empeñamos.
Dejemos a los niños que vivan esos sueños a través del disfraz, no sólo en carnaval sino en el día a día, permitiéndoles que vuele su imaginación a través de historias, dibujos… y dejemos a la creatividad un rinconcito en nuestro quehacer. Ella será su bandera y con ella construirán sus ideas y principios morales, jugarán a lo que quieren ser, e irán forjando su mundo porque, en realidad, con el disfraz y con la imaginación interpretarán siempre el papel del bueno de la historia e, incluso, al malo más malo lo utilizan para ayudar a la amada, para rescatar a Caperucita de las fauces del lobo o para salvar al mundo de algún desastre venidero.
Y disfracémonos también nosotros cada día de aquello que queremos ser, aunque sólo sea cerrando los ojos y viéndonos reflejados en el lago de la vida…. Y así, quizá se cumplan nuestros deseos.
Un
año más metidos en la vorágine del quehacer diario. Un año más creciendo y
creciendo con las experiencias. Un año más aquí con los pequeños disfrutando de
sus ilusiones, de sus ocurrencias y de su cercanía.
Son cariñosos,
dulces, fáciles de ilusionar y agradecidos. ¡Cuánto nos pueden enseñar!
Hasta ahora en la
biblioteca de aula hemos escuchado cuentos, leído imágenes, aprendido poesías,
hemos visto libros y creado alguno que otro también. Pero ahora nos toca
enfrentarnos a una gran tarea: ¿qué es una poesía? Fácil, ¿verdad? Pero muy
difícil de entender y muy difícil de explicar. Pues bien, manos a la obra.
-¿Sabéis que es una poesía, un poema?
-No
seño.
-Si,
si, eso que se aprende y que decimos todos juntos
-¿Conocéis alguna?
-Bueno
la del otro día de la Tía Mónica. ¿A
que sí, seño?
-Pues
claro, es verdad. La de la tía Mónica.
-La del
chino mandarín. Y la de… esa de la cara. Te acuerdas seño?
-Ah si. La de “Tengo dos orejas una y dos”
Si, si. Es una poesía, pero también es una canción. La decimos cantando, ¿no?
-Si, es
verdad. Entonces seño…
-Bien, bien, las poesías se dicen de forma
que parecen cantadas.
A
veces parecen canciones pero sin música. Y además, si quieres puedes ponerle
música. Por ejemplo: “En mi cara redondita tengo ojos y nariz y también tengo
una boca para cantar y reír” ¿Y si le ponemos la música de “la Virgencita del Carmelo”
que os gusta tanto? ¿Lo intentamos?
-¡Qué
bien queda, seño!
-Pues claro, es que la poesía es contar una
historia o un cuento, pero de una forma bonita, que parezca una canción. Y los
que escriben poesías se llaman poetas. Sabéis, os voy a contar un secreto. No
se lo digáis a nadie
-Vale,
vale. Venga dilo seño.
-A ver, en silencio porque voy a hablar bajito para que nadie se entere, ¿eh?
-¡Vale,
vale, callados todos! (dice Carlos Salgado con complicidad)
-Mirad. Yo soy poeta y me gusta hacer
poesía. ¿Queréis que os haga una? ¿A quién, a quién se la hago?
-Siiii.
A mi, a mi… Rífalo si no, no vale, seño. “En un café se rifa una gato…” ROCIO!
-Bien, Rocío. ¿Qué podemos decir de Rocío?
-Que es
guapa
-Que le
gusta hacer fichas
-Que
atiende, seño. Y que no se sale…
-Bien, bien. Muchas cosas. Podemos contarlo
como un cuento. ¿Cómo empiezan los cuentos?
-Había
una vez
-Muy bien. ¿Y quien es el personaje de
nuestro cuento?
-Rocío.
-A ver quién se atreve a empezar el cuento
de Rocío
-Yo,
seño.
- Vale,
Paula comienza
-“Había
una vez una niña que se llamaba Rocío. Era muy guapa y le gustaba ir a la escuela para
hacer bien las fichas”
-Muy bien Paula. Un cuento muy bonito. Pues
ahora lo voy a decir en verso, en poesía. Como yo soy poeta…
“ Rocío es muy bonita
le gusta ir a la escuela
con su señorita”
-Claro
seño, así se dice más bonito. Yo también quiero
-A ver Damián…. “Se llama Damián y corre del
alacrán”
-Yo,
YO…
-Vale Paola escucha: “se llama Paola y nunca
juega sola”
-Yo, Yo
-Bien Gabriel: “Se llama Gabriel y salta con
un pie”
-Yo, yo
-A ver, Carlos Salgado: “se llama Carlos
Salgado y le gustan los…. A ver, a ver…
-Los
helados seño
-Que bien! Salgado-helados. ¡Estupendo! ¡Tú
también eres poeta como yo, Daniel. A ver, otro poeta que haya en la clase
-Seño,
mira: “Se llama Elena y es una nena”
-Muy bien, Daniel. ¡Menudo poeta que estás
hecho!
A
ver. “se llama Carlos Olivera y le gusta comer…?
-Peras,
seño. Me gustan las peras. ¡Ja ja ja!
-¡Bien, cuantos poetas! Pues hagamos nuestro
poema de la clase. ¿Qué os parece?
-¡Vale
y lo pegamos en la puerta para que lo lean todas las seños!
Que
fácil es poner un granito de arena en el castillo del cuidado del entorno, tan
fácil como un montón de basura en el vertedero. ¿Por qué optarán nuestros
pequeños de hoy? Parece que no, pero depende en parte de nosotros, padres y
educadores, de nuestros principios, de nuestras ilusiones, de nuestras
esperanzas y de aquello que transmitamos con ejemplo, con cariño y con
alegría.
Por
lo tanto, es hora de comenzar. De comenzar jugando al juego de la naturaleza. Es
hora de conocer nuestra casa: la Tierra. Es hora de
agradecer lo que ella nos da y guardar en nuestro corazón esas pequeñas experiencias
que conformarán nuestro futuro y el del mundo.
Somos
muy pequeños sí, pero es el mejor momento para iniciarnos a CUidar NUestro PLANeta.
Aunque
corran malos tiempos para la
Lírica y vivamos inmersos en lo audiovisual, aunque una
imagen valga “más que mil palabras”, no podemos olvidar el poder liberador de
la palabra, el placer de la literatura y el don de la imaginación para
“despertar así el alma dormida”.
“Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
-¡Ay! –pensé-, ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: “Levántate y anda”
Con
esta intención empezamos la andadura de nuestra biblioteca. Y al hablar de la
biblioteca o del rincón de lectura me refiero a un ambiente íntimo. A un
espacio diferente al resto del lugar; un ambiente a escala de los niños y de
las niñas. Un rincón suyo, que les pertenezca, con sus libros y estanterías,
cojines y mantas, con sus dibujos y sus escritos, cómodo, sereno y atractivo.
Un rincón en el que descubran el gusto por la lectura, por las letras, por las
palabras, que les permita hablar de sus emociones y en el que puedan vivir los libros
con imaginación y entusiasmo.
Padres
y educadores sabemos que si todos nos implicamos en animar a la lectura a
nuestros pequeños, saldremos con creatividad y con la palabra de esta crisis de
valores que nos envuelve hoy, y como decía Rodari, “no para que todos seamos
artistas, sino para que nadie sea esclavo”.
Os
convoco a hacer todos juntos el firme
propósito de no permitirnos
que sea la tele y lo audiovisual lo que nos quite, ese momento mágico, único e irrepetible, de abrir
un libro cada noche con nuestros hijos y sumergirnos en la magia de las
palabras, como bien alude la revista “Infancia”.
“Son muchos los beneficios que a nuestro mundo de
pequeños aportó el cuento. No sólo la transmisión de la literatura oral, sino
también el acercamiento a nuestros
mayores, la adquisición de hábitos de atención, el desarrollo de la imaginación
y, como no, el despertar del espíritu ante la percepción de lo verdaderamente
bello.
El mundo de nuestras hijas e hijos ya no está
rodeado de esos personajes fantásticos que podrían aparecer en los momentos más
inoportunos. Hoy pretendemos mantenerlos a nuestro lado, reclamándoles que no
molesten, comprándoles la mayoría de las veces su silencio por algunos gramos
de chucherías, o con otras presiones menos agradables privándolos de esa parte
mágica que nosotros, los de generaciones anteriores, tuvimos la suerte de vivir
en nuestra infancia.
Necesitamos volver a recuperar el mundo de la
fantasía que los niños y las niñas requieren, esos cuentos contados alrededor
de la mesa, ese paseo interminable tirando de una criatura cansada que vamos
distrayendo con mil y una historias. Esas comidas llenas de risas y buen humor
en la que un tenedor respondón la habla al plato. Esos ratos de coche en que
los kilómetros, sin darnos cuenta, son disipados por miles de canciones,
adivinanzas, veo-veo, repitiendo las canciones que los pequeños aprenden en la
esuela, charlando o inventando que “nos trae el barco cargado de”
Pongamos en nuestras hijas e hijos la paciencia
infinita que con nosotros tuvieron nuestros mayores, la sapiencia transmitida
de padres a hijos, sobre como dar un poco de azúcar a la píldora amarga que la
vida, por fuerza, nos obliga a tragarnos, con mucha, pero con mucha, fantasía.
No permitamos que sea la tele la que nos quite
ese momento afectivo y único de
compartir el crecimiento de nuestros pequeños, sorprendiéndonos ante sus
palabras, su imaginación, sabiendo así como reaccionan ante los miedos y
estando allí para recuperar juntos la risa tan necesaria.
Abramos cada noche el cuento para seguir siempre
con una maravillosa tradición que se ha perpetuado desde hace milenios y que
nosotros estamos a punto de perder. Sin olvidar que con ese placer de escuchar,
viene el sentirse protagonista de ese acto único e irrepetible, que determinará
tantos momentos futuros, de abrir un libro y sumergirnos juntos en la magia de
las palabras.”
Hoy 23 de abril y para celebrar con vosotros el día
del libro, abrimos las puertas a ese rincón mágico donde podremos encontrar el
devenir de nuestra historia, de nuestro nuevo mundo, de nuestra esperanza.
BIENVENIDOS a la Biblioteca “Don Librín”
y no olvidemos nunca que “el que sabe leer bien sabe vivir bien”.
Es
la reina de las hadas la que vive allí. La vigía incansable que entre polvo de
estrellas, meteoritos y constelaciones surca el Universo con su escuadra de
pequeñas hadas centinelas. Un día navegando de sol en sol descubrió un furioso planeta que despedía chispas y fuego:
-Centinela Evol, te reto a que controles su
furia. ¿Te atreves?
Montada
en un meteorito y con un rayo de arco iris, la centinela Evolución, atracó en sus orillas, inundando con polvo
sigiloso de hadas todo lo que veía a su paso:
“A la de una, a la de dos y a la de tres el
hada Evolución te viene a socorrer”
…Y la magia
surgió. Al momento se fueron apagando los volcanes y el planeta se llenó de
luz, agua y seres vivos.
Microorganismos, plantas, oxígeno… ¡Qué descubrimiento!
Pasó
el tiempo y en el agua aparecieron pececillos
de mil colores. Vivían felices en su hogar hasta que un día Narcisa, uno de ellas,
sacó su cabecita fuera:
-¡Oh,
qué bonita es la tierra! Me gustaría…. ¡Uf! ¡Que me ahogo! ¡Quiero conocerla! ¡Uf, que me
ahogooo!
Cada
mañana volvía a ese rinconcillo de donde contemplaba la tierra. Soñaba y soñaba
hasta enmudecer. Buscaba ansioso el día que pudiera lograr salir a pasear por
ella. Pero siempre ocurría lo mismo:
-¡Oh,
qué bonita es la tierra! Me gustaría…. ¡Uf!
¡Que me ahogo! ¡Quiero conocerla! ¡Uf, que me ahogooo!
La pececita estaba
furiosa, echaba chispas y ardía de rabia hasta que un día:
“A la de una, a la
de dos y a la de tres, el hada Evolución te viene a socorrer”
-Pero Narcisa, tú sabes que no puedes
salir del agua. Respiras por branquias y tampoco sabes caminar. Es imposible
que salgas de ahí. Mira, tengo una idea. Cuando tengas hijitos, que ya estás en
edad de merecer, a uno de ellos le pondré pulmones y patas, y este si podrá
salir fuera del agua sin problema. ¿Qué te parece la idea?
-Querida Evul, no está demasiado mal,
pero ¿y si mi hijito no desea volver para contarme lo que ha visto fuera?.
Nunca llegaré a saber como es la tierra.
-Descuida Narcisa, yo me encargaré de
que no tenga más remedio que hacerlo.
Y dicho esto, regó
el lago con polvo de hadas y desapareció.
Con el tiempo, un
pececillo travieso, no quería salir del huevo. Se sentía diferente y le daba
vergüenza que los demás lo consideraran un bicho raro. Y efectivamente, tenía patas,
y tenía pulmones. Podía permanecer largo rato en el agua, pero también fuera de
ella.
-Mamá, mamá. Soy tu hijo aventurero. Me
voy a explorar la tierra. No se cuando volveré, ni si volveré algún día, pero
siempre recordaré este lugar.
-Adiós hijito, buena suerte.
Pero nada más
alejarse unos metros, notó como su piel le picaba demasiado. Cada vez se ponía
más y más seca.
-¡Necesito volver al agua! No aguanto
más este sol que quema mi piel de tritón. Y de dos brincos, consiguió regresar
al lugar de partida.
-Mamá,
mamá, he vuelto ya. No puedo estar lejos del agua mucho rato. Pero te puedo
contar muchas cosas de ahí fuera.
Hablaron durante
horas y horas y Narcisa parecía haber conseguido al fin su objetivo.
-Gracias
Cuasimodo. Creí que nunca volverías.
Pero Cuasimodo
ansiaba conocerlo todo. Era el vivo espejo de su madre. Soñaba y soñaba hasta
enmudecer. Cada vez más furioso, echaba chispas y ardía de rabia,… hasta que un
día:
“A la de una, a la de dos y a la de tres, el hada Evolución te viene a
socorrer”
-Pero
Cuasimodo, tú sabes que no puedes recorrerlo todo. Tu piel se seca y no podrás
llegar nunca a lo más espeso del bosque. Mira tengo una idea. Cuando tengas
hijitos, que ya estás en edad de merecer, a uno de ellos le pondré la piel dura,
y este si podrá hacerlo sin problema. ¿Qué te parece la idea?
-Querida
Evul, no está demasiado mal, pero ¿y si mi hijito no desea volver para contarme
que ha visto fuera? Nunca llegaré a saber como es la tierra.
-Descuida Cuasimodo, yo me encargaré de
que no tenga más remedio que hacerlo.
Y dicho esto, regó
el lago con polvo de hadas y desapareció.
Con el tiempo una
anfibio muy traviesa no quería salir del huevo. Era demasiado rara para ese
lugar, aunque se parecía a su hermano tritón, su piel era demasiado dura ¿y sus
dientes?. ¡Dios mío, vaya dientes! A todos asustaría con su aspecto feroz y
también a su papá Cuasimodo.
-Papá,
papá. Soy tu hija aventurera. Me voy a
explorar la tierra. No sé cuándo volveré, y si volveré algún día, pero siempre
recordaré este lugar.
-Adiós hijita, buena suerte.
Se colocó un
lacito de juncos en la cola y con un hatillo en la espalda decidió emprender su
aventura. ¡Y qué aventura!. La cocodrilo Dandy recorrió casi todos los rincones,
pero volvía a casa cada invierno porque no soportaba el frío helador y allí
dormía al lado de Cuasimodo mientras recitaba, como una gran heroína, todas sus
aventuras.
En poco tiempo, la
tierra se llenó de reptiles cada vez más grandes y más grandes y más grandes,
hasta que… los dinosaurios conquistaron el planeta.
Pero Dandy ansiaba conocerlo todo,
también la nieve del invierno. Era el vivo espejo de su padre. Soñaba y soñaba
hasta enmudecer. Cada vez más furiosa, echaba chispas y ardía de rabia,… hasta
que un día:
“A la de una, a la de dos y a la de tres, el hada Evolución te viene a socorrer”
-Pero
Dandy, tú sabes que no puedes pasar mucho frío. Tu cuerpo se aletarga en
invierno y no puedes subir a lo alto de la montaña nevada. Mira, tengo una
idea. Cuando tengas hijitos, que ya estás en edad de merecer, a uno de ellos le
pondré la sangre caliente, y lo cubriré con algún abrigo, así este si podrá
hacerlo sin problemas. ¿Qué te parece la idea?
-
Pero el abrigo deberá ser muy frondoso, Evul, porque en invierno hace demasiado
frío.
-
Si, verás: a unos los cubriré de un abrigo de pelos y a otros les pondré plumas,
para que además de no pasar frío, también puedan volar y llegar a la cima lo antes posible.
-
Jo, ¡qué maravilla!. A mi me gustaría poder volar. Algún día me subiré encima
de alguno de mis hijitos para que me lleve a la nieve en un plis plas.
-
Entonces, si te gusta la idea, ¿a qué estamos esperando?
Cogió su varita
para envolverlo todo con polvo de hadas pero, al momento, Dandy, que como buena
aventurera era muy precavida, le paró la mano y le dijo:
- Mira Evol, ¿no podrías conseguir que
algunos de mis futuros hijitos no nacieran de los huevos? Ayer, al cocodrilo
del Nilo le robaron los suyos y se quedó sin hijitos. Si a mi me ocurre eso,
nunca podrán venir a contarme cómo es el frío de la nieve. Nunca llegaré a
saber como es la tierra.
-
De acuerdo. Mira: a los que nazcan con pelo les colocaré una bolsa en la
barriga para que transporten a sus hijitos en sus aventuras, así no podrán robárselos
nunca. ¿Qué te parece la idea?
Y dicho esto, regó
la orilla del río con polvo de hadas y desapareció.
El tiempo pasó y
nuestro planeta, estaba lleno de vida. Microorganismos, plantas y un montón de
animales: anfibios, reptiles, aves, mamíferos y los temibles dinosaurios.
Un día, mientras
parecía que todo se sucedía con normalidad, como cualquier otro día, en el
cielo apareció una luz imponente que cada vez se hacía más intensa y grande.
Todos miraban la espectacular bola de fuego. Silencio absoluto durante unos
segundos. Unos segundo más… y un estruendoso meteorito chocó con nuestro
planeta. El hada intentó pararlo, pero en vano. Era inevitable, nadie lo esperaba,
pero ocurrió. La tierra tembló. Se rajó. Se llenó de fuego…y todos huían de
allí. Pero, ¿adónde?. Los más pequeños
se escondieron pero los grandes… ¡Uf, los grandes! … Y los dinosaurios… se
extinguieron.
El hada Evolución
quedó desconsolada con la tragedia de su planeta azul. Pero era fuerte y pronto
se repuso, igual que el propio planeta. Decidió seguir centinela de los seres
vivos y velar siempre por las diferencias. Respetemos las diferencias. En ellas
está la riqueza de la vida:
“A la de una, a la de dos y a la de tres, el hada
Evolución te viene a socorrer”.
Queridos papis:
Estamos trabajando el tema de los animales y nos
gustaría que nos ayudarais desde casa en las actividades que vamos a realizar
durante dos semanas:
·Rincón en la biblioteca de libros de animales
·Elaborar una revista de animales atendiendo a
sus características
·Acuario y terrario con plastilina y cartón
·Por último los colocaremos en la línea del
tiempo según fueron habitando nuestro planeta
·Día de la mascota (viernes 17 de enero)
Necesitamos:
Si
tenemos libros en casa sobre animales llevarlo a la biblioteca de aula durante estas dos o
tres semanas. No es necesario comprarlo
Fotos
nuestras con algún animal, ya sea
de granja o del zoo o de cualquier exposición a la que hayamos asistido
Si
tenemos algún mascota en casa o algún animal cercano, podemos llevarlo a
clase el día de la mascota y enseñárselo a nuestros compañeros (no es
necesario que compremos ninguno) Tendremos que hablar de los cuidados que
requieren, por lo que podemos ensayar previamente en casa. Deberíamos
llevarlo en un jaula para mantenerlo en el aula toda la mañana. Si la
mascota es demasiado grande podemos llevar una foto de ella.
Rellenar
una ficha en tamaño A-3 del ……….
Escribirle debajo los siguientes
datos: (podemos sacarlos de Internet,
pero si es posible, queremos colaborar en la búsqueda y rellenar los datos con nuestra letra)
NOMBRE :…………………………………………………………………
TIPO SEGÚN REPRODUCCIÓN (anfibio,
pez, reptil, ave o
mamífero)
ALIMENTACIÓN (carnívoro o
herbívoro)
PAISAJE
DONDE VIVE (sabana, selva, desierto, mar, río,